Te quiero en diferente.
Ni más ni menos,
diferente.

Te quiero en la oscuridad,
cuando nadie escucha
y nadie puede opinar.

Te quiero diciéndome
que todo está bien,
mientras tus cejas azabaches
me estudian desde el rincón,
y se fruncen porque no entendés
por qué me gusta esta canción
si es tan triste que nos raspa las rodillas;
pero yo me siento en el piso
y canto,
y el frío se come mi piel
y vos solo me estudias
con tus cejas azabaches,
otra vez.

Y sabes que nunca
me vas a tener que explicar nada,
pero no paras de hablar.

Y yo soy eterna turista
en tu puto mundo.

Ya me canse de hablar con vos
pero no quiero ir a dormir,
ni me quiero olvidar
de todas las cosas que me dijiste
casi sin darte cuenta,
mientras escuchábamos los relámpagos
de los capítulos cerrándose,
los tuyos,
los míos,
los de acá,
los de allá.

Te quiero como te conocí:
rapaz, nocturno,
con tu paciencia de virulana.

 Como cuando me miras
para saber que pienso
pero nunca lo vas a saber.
Lo supones,
pero ya no te importa,
o a mi no me importa.